Parece ser desacertado el desafortunado intento de querer hacer comparecer a S.S. Benedicto XVI y a tres de sus cardenales, ante la “Corte Penal Internacional de La Haya” por el supuesto encubrimiento de casos de pederastia, pues entre líneas se sobreentiende que en ello está implicado también el aciago interés económico de los afanosos defensores de las víctimas.
Sin embargo, no hace mucho se ha visto circular por los Parlamentos y mancomunidades de algunos países, unos proyectos de Ley contrarios a la libertad religiosa, los que oportunamente y por diversos motivos o juego de entretelones, han ido siendo rechazados por ciertos Gobiernos, según se puede leer en varios diarios y vespertinos latinoamericanos.
Los casos señalados inquietan a muchos, con el temor de que estos ataques aparten a personas ingenuas de su adhesión al catolicismo. Ello nos lleva a breves reflexiones de lo que es la Iglesia: “Somos todos nosotros los bautizados que formamos su cuerpo, cuya cabeza es Cristo”.
“Tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia” (Mat. 16,18) dijo nuestro Señor al Apóstol, confirmándole el primado y anunciando que las fuerzas del mal no prevalecerán nunca contra ella.
Consecuentemente, a pesar de las persecuciones y calumnias que a veces escuchamos surgir, a pesar de todas las fallas y errores humanos que existan entre sus paredes, ahí está de pié la Iglesia desde Pedro hasta Benedicto XVI; compuesta de una comunidad de creyentes y de santos, aunque también de pecadores.
Mucho ya se ha hablado del misterio de la Iglesia, misterio y también realidad encarnada. “Dios no se revela al hombre en abstracto sino asumiendo lenguajes, imágenes y expresiones vinculadas a las diferentes culturas. Es una relación fecunda, atestiguada ampliamente en la historia de la Iglesia”… (Palabras de Benedicto XVI, en Exhortación Apostólica Verbum Domini, el 30-09-2010). De esta manera, proyectos como el que mencionábamos, contrarios a la cultura nacional, sabidamente no serán aceptados por el vulgo.
El Papa concluye su exhortación hablando de la importancia del diálogo interreligioso, evitando formas de sincretismo y relativismo. “Diálogo que no sería fecundo si este no incluyera también un auténtico respeto por cada persona para que pueda profesar libremente la propia religión”.
Por lo visto, los “hechiceros de la tribu” han vuelto a fallar y, el egoísmo, la avaricia y la falta de generosidad, les explota en las manos como la peor carta-bomba que los humanos nos autoenviamos cuando se nos da por tirar de la cuerda hasta no poder más.
Lo único que volverá a consolarnos y a intentar una reconstrucción, será la noción de que el bien común no puede contemplar como algo inevitable el desastre, el desempleo, el hambre y la postergación de los otros.
Por lo tanto, el mundo podrá venirse abajo, las sociedades podrán derrumbarse cuando sus bases sean sólo el dinero, la especulación y la guerra. Pero no se trata de “cruzadas épicas”, o de perder grandes guerras, sino, con nuestras limitaciones, poder ganar pequeñas batallas, salvo claro está, excluyendo de todo ello a los omnipotentes y soberbios que se creen dueños de la verdad y conocedores absolutos de lo bueno y lo malo, sin matices y dudas… ¿No concuerdan conmigo?
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La Inquisición Antitética
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